Apoyo legal transfronterizo y la multicultura: cuando el derecho debe aprender a dialogar

Desde hace ya mucho tiempo, la interconexión del mundo ha hecho comunes las transacciones transfronterizas, a través de las operaciones simultáneas de empresas, inversionistas y proyectos en múltiples jurisdicciones. En vista de esto, esta dinámica ya no es solo jurídica, sino cultural.

El apoyo legal transfronterizo moderno exige comprender que el derecho no se aplica de forma cuadrada ni en el vacío, sino en contextos humanos, económicos y culturales diversos. Ignorar esta dimensión puede convertir una transacción técnicamente bien estructurada en una operación frágil o incluso fallida.

Más allá de las fronteras, el impacto de la cultura en las transacciones transfronterizas influye directamente en la forma de negociar, la toma de decisiones, la percepción del riesgo y el valor asignado al tiempo, la jerarquía y la formalidad.

Con esto queremos destacar que no todas las partes negocian de la misma manera ni esperan lo mismo de un contrato. Sus realidades particulares —más allá del apetito de hacer un buen negocio— van muy de la mano con la cultura. Por ejemplo, mientras algunas culturas priorizan la descentralización y la flexibilidad, otras valoran la centralización, la estructura y la autoridad.

Además de interpretar las normas, el abogado de hoy ya no es únicamente un intérprete de estas; debe ser un estratega con olfato y herramientas suficientes que le permitan llevar a cabo cualquier transacción transfronteriza para sus clientes, con riesgos mínimos.

Como expuesto en un artículo anterior, un asesor legal eficaz debe comprender las diferencias entre enfoques normativos locales e internacionales. El mismo mecanismo legal puede ser aceptable en una cultura y generar desconfianza en otra. Por ello, no existe una única forma correcta de estructurar una transacción, sino una forma adecuada para cada contexto.

Sin dejar de lado la verdadera intención del cliente, el asesor legal debe acompañarlo a transitar el camino de la operación desde un punto de vista técnico, tomando en cuenta la cultura que le reciba o la experiencia previa. Evitar modelos rígidos puede permitir diseñar soluciones jurídicamente sólidas y culturalmente viables. Sin embargo, esto no elimina la necesidad de reglas claras.